Buen viaje, compañero. Tu energía se queda con todas las personas que te conocían

Son momentos muy duros. Queremos detenernos hoy, con el corazón encogido, para despedir y honrar a alguien que dio forma al alma de nuestra cooperativa: nuestro querido compañero Juanma. Y es que estamos de duelo en Valle y Vega, y en todo el mundo agroecológico, por la inesperada pérdida de Juan Manuel Arcos Martín.

Esta es la publicación más difícil y la que nunca hubiéramos querido escribir. Precisamente por ello, queremos compartir públicamente este homenaje a la gran persona y excelente compañero que fue Juanma en todas las facetas de su vida.

Juanma era, ante todo, una bellísima persona de corazón inmenso, que transmitía a todo el mundo una energía positiva y una ilusión desbordante. Con esa misma fuerza e ilusión participó e impulsó nuestro proyecto desde sus orígenes asociativos hasta su constitución formal como cooperativa.

Tanto él como su compañera Esme han estado ligados al campo desde la niñez por tradición familiar. Su andadura vital los llevó a la conservación y el cuidado de las tierras que hoy cultivan, y que protegen con el deseo de dejarlas como legado a sus hijos Lucas, Mateo y Julia: una auténtica historia de relevo generacional y de salvaguarda de los valores rurales.
Juanma ejercía como técnico de agricultura ecológica, asesorando y acompañando con infinita sabiduría a otros agricultores en la materia, mientras Esme continúa colaborando activamente en la gestión de la cooperativa.

Él encarnaba como nadie los valores de nuestro proyecto, era la mano tendida en los momentos complejos, la palabra amable que templaba las asambleas más intensas y la sonrisa eterna que nos recordaba a diario por qué elegimos este camino. Su generosidad infinita y su firme creencia en que un mundo más justo, solidario y humano es posible, dejan una huella profunda que el tiempo no podrá borrar.

Su pasión por la tierra se contagiaba con solo mirarle. Juanma no entendía la agroecología como un simple oficio, sino como un acto de amor puro y de militancia hacia nuestro entorno. Disfrutaba compartiendo saberes, cuidando cada detalle y transmitiendo un respeto sagrado por los ritmos de la naturaleza. Fue, y seguirá siendo, una guía y una luz en el camino.

Hoy Granada está triste con tu partida, Juanma. Sin embargo, sabemos que tu latido se queda en la tierra que tanto amaste, en cada semilla que sigamos plantando y en cada ecocesta que preparemos con tu recuerdo en el pensamiento. Gracias por compartir tu amor por el campo, por tu luz, por hacer comunidad y por tu compañerismo.

Buen viaje, compañero. Tu energía se queda con todas las personas que te conocían.